Propósitos 2020: Retrospectiva

Llevaba tiempo planteándome hacer una retrospectiva de 2019 y pensar en los objetivos para el año que viene, y la lista de propósitos para 2020 de la Bonilista me ha dado el empujón que me faltaba para ponerme a ello.

Retrospectiva 2019

Lo bueno

Puedo estar muy contento de cómo ha discurrido este 2019. Aunque Sheila y yo adoramos Barcelona y hemos disfrutado de cinco maravillosos años juntos allí, siete en total para mi, queríamos regresar a Vitoria. Aquí está nuestra familia, nuestras raíces, y hasta la escuela de hostelería en la que nos conocimos. Después de tres años de esfuerzo, lo conseguimos: yo empecé a trabajar en remoto para ThoughtWorks, con un plan de adaptación desde el trabajo diario en oficina hasta el cien por cien remoto que ha funcionado como un reloj. El 25 de Septiembre cogimos por última vez el Alvia Barcelona-Vitoria, esta vez con billete sólo de ida, y por primera vez en cinco años disfrutamos de una Navidad sin prisas y sin maletas a cuestas. Gracias a ThoughtWorks por poner en mí el esfuerzo y la confianza necesarios para hacerlo posible. Gracias especialmente a Ana y María, dos de las mejores profesionales con las que he trabajado en todos estos años.

El 31 de Diciembre de 2018, minutos antes del cambio de año en horario de Belo Horizonte y en pleno churrasco brasileño, decidimos casarnos. Para que conste: sí, lo tenía planeado. Y no, la Brahma no tuvo nada que ver. Después de meses del que probablemente ha sido el proyecto más estresante de nuestra vida, nos casamos el 1 de Junio en la basílica de Armentia. Rodeados de nuestra familia y nuestros amigos del colegio, de la facultad, de eso tan nuestro que es «la cuadrilla», de la escuela de cocina y de la escuela de administración de Barcelona, del despacho de abogados en el que trabajaba Sheila, de las startup en las que yo he trabajado y de ThoughtWorks, mi «equipi». Jon Usual hizo un trabajo fantástico con las fotos, pero es que el tío es un crack capaz de hacer que hasta yo salga decente en una foto. La gente de Eguren-Ugarte lo dio todo porque saliese perfecto y todos lo pasasen en grande, que es de lo que se trataba. Estoy especialmente orgulloso de haber acercado a nuestra tierra de vino y nuestra Global Green City a gente de todas partes del mundo, y que todos regresasen con un buen recuerdo y una magnífica (o no) resaca.

Profesionalmente, dejé uno de los mejores equipos con los que he trabajado para cambiar a un proyecto que encajaba mejor con la transición a remoto. Tenía ganas de trabajar en plataforma porque hasta ahora siempre había estado más centrado en arquitectura de software y código y no había tenido que tocar gran cosa de infraestructura, y llevo nueve meses trabajando con AWS en un equipo de Site Reliability Engineering. Superados los abrumadores primeros meses estoy satisfecho con mi aportación al equipo y aún puedo continuar aprendiendo y aportando mucho más. También estoy aprendiendo sobre IA y Big Data gracias al Máster en Sistemas Inteligentes e Ingeniería Computacional de la EHU.

Lo malo

No todo son campanillas y unicornios, y creo que es importante visibilizarlo. No he leído ni dos libros completos este año, cuando tenía como meta leer al menos seis, y solo he escrito un artículo en todo 2019, sobre la configuración de Git a nivel de proyecto. Sigo sin mejorar mi estado físico, ese que antes de emigrar a Barcelona me permitía salir a correr todos los días y que ahora haría que me ahogue a los veinte metros de paso ligero. Financieramente no lo he hecho tan bien como me gustaría gracias a un negocio torcido, la boda, el traslado, la ironía de tener que comprar un coche para poder vivir en una ciudad que presume de verde, y lo difícil que está siendo para Sheila encontrar un trabajo decente como administrativa en Vitoria. Por cierto: si buscas una administrativa responsable y trabajadora como pocos, ya sabes dónde encontrarla.

Intentamos arrancar un e-commerce de moda latina (sin drop shipping de AliExpress y con conciencia de pequeño productor, a lo loco) que no salió como nos hubiera gustado. Cerramos la tienda online sin haberla arrancado oficialmente, pero a cambio aprendimos un montón sobre la idiosincrasia influencer y regalamos unas gafas de sol promocionales en la boda por las que aún nos preguntan. Ah, y tenemos bañadores de sobra para una vida o dos.

He aprendido a la fuerza que debo empezar a medir el esfuerzo que soy capaz de realizar y a equilibrarlo con mi vida personal: el nivel de agotamiento al que estaba llegando me empezaba a pasar factura a nivel personal y familiar. Como consecuencia, tuve que renunciar a continuar como profesor del Máster en Programación Web de LaSalle después de haberme comprometido a ello, por lo que debo mil disculpas a Victor. Llevo cerca de un mes de retraso en las entregas del Máster en Sistemas Inteligentes después de haber arrancado con más ganas que nadie. Empecé a preparar la certificación, pero no llegué a hacer el examen de AWS Certified Solutions Architect. Empecé un emulador de Gameboy hace unos meses para aprender Go y el proyecto de emulador está parado, en ese punto en el que sospecho que acabará en el abultadísimo cajón de side-projects abandonados. Aunque hay un par de ideas interesantes, sigo dando largas a Jose porque no tengo tiempo para colaborar en otros side-projects. Pero lo que más me duele es saber que he estado robando tiempo a lo que de verdad importa: a mi mujer, mi familia, mis amigos y a mí mismo, por la exigencia autoimpuesta de hacer más, aprender más, avanzar más.

Las dudas

Sheila y yo llevábamos mucho tiempo queriendo regresar a Vitoria y lo hemos conseguido. Está por ver si regresar a Vitoria es una buena decisión a largo plazo. Recuperamos la cercanía con la familia (y con los pintxos, pa qué negarlo) pero a costa de que esté resultando muy complicado encontrar un trabajo digno para Sheila, cuando en Barcelona lo hubiera tenido sin problema. Por mi parte tengo claro que quiero continuar trabajando desde casa y me está funcionando muy bien por ahora, pero ¿es sostenible a largo plazo? Y si no, ¿cuáles son las alternativas? De demostrar esta sostenibilidad dependen muchas decisiones: casa, niños, perro… y puede que hasta abrir un negocio tradicional, de los de vender cosas físicas a gente física, tope hipster. La prudencia invita a establecer una estrategia de mitigación de riesgo.

Las acciones

Ninguna retro está completa sin acciones de mejora: con todo sobre la mesa toca empezar a definir cómo quiero que sea este próximo año. Como quiero abordar los objetivos de una forma estructurada dejaré eso para un segundo artículo, pero por recapitular este 2019:

  • Lo bueno
    • Sheila y yo nos casamos 🙂
    • Comienzo a trabajar en remoto para ThoughtWorks.
    • Regresamos a Vitoria-Gasteiz.
    • Comienzo a trabajar en plataforma.
    • Comienzo a estudiar IA y Big Data.
    • Aprendo Go. Chapurreo Python en la intimidad. Hago cosas en R y en Weka.
    • Cerramos un e-commerce a tiempo.
  • Lo malo
    • He leído poco y he escrito aún menos.
    • No corro ni veinte metros sin ahogarme. Aunque me persigan. Y luego me tomo una cervecita por el esfuerzo. Con torrezno, para que pase.
    • Financieramente este año ha sido una ruina.
    • He rozado el burnout de libro, y reaccioné demasiado tarde.
    • Ya no soy profe :/
    • Voy retrasado en el Máster, y Bolonia no perdona.
    • El e-commerce que cerramos ha sido el único side-project completado este año.
    • Y, sobre todo, perdí el equilibro familiar/personal/profesional/docente.
  • Las dudas
    • Regresar a Vitoria-Gasteiz es una decisión arriesgada, tomada sobre todo con el corazón. Tiene riesgos, y hay que mitigarlos.

Veremos si soy capaz de definir acciones concretas de mejora y objetivos para este 2020 en un próximo artículo. Stay tuned!

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