ThoughtWorker

Hace ya un par de meses que dejé de formar parte del equipo de Ulabox para unirme a ThoughtWorks. Han sido casi tres años en Ulabox con un gran equipo, asumiendo y atacando retos cada día. Y los retos no son pocos en un retail de alimentación cuando como parte de tu estrategia de negocio asumes desde el aprovisionamiento a la preparación de pedidos en almacén, la distribución y atención al cliente. Hasta las últimas cuñas publicitarias se han cocinado en casa, con un talento y un cariño espectacular. En cada aspecto hay una oportunidad para hacer las cosas de modo diferente, para dar un toque humano al negocio cuidando cada detalle. Y eso se traslada a una estrategia que hace que asumir y afrontar retos sea parte del día a día. Tomar la decisión de dejar ese equipo no fue fácil, y espero levantarme un día con una invitación de David, Sergi, Jaume y el resto de la familia ulaboxer para celebrar que lo han petado por todo lo alto. Ahora, soy un thoughtworker.

Contacté con ThoughtWorks por primera vez hace algo más de un año, cuando la nueva oficina en MediaTic aún estaba recién estrenada. Entonces me estaba planteando cambiar a trabajo remoto para poder regresar a mi ciudad natal con mi mujer y parecía haber una posibilidad real de conseguirlo en el corto plazo en Ulabox, por lo que decliné la oferta. Pero el proceso de selección y el ambiente que se respiraba en la oficina me impactó. El proceso de selección de ThoughtWorks es largo: entrevista telefónica, prueba técnica, prueba lógica, ejercicio de pairing, entrevista técnica, entrevista con los managers… pero si hay algo que destacaría de todo este proceso, y que llevé en el subconsciente durante mucho tiempo, es la entrevista de valores éticos y sociales y la sensación de que ThoughtWorks no era, ni por asomo, una consultora más.

thoughtworkers' rules

En aquella entrevista de valores pasé cerca de una hora charlando sobre el movimiento LGTBIQ+, sobre feminismo, sobre inmigración, sobre política local, nacional e internacional, sobre el movimiento independentista y el terrorismo. Y salí de ella sin tener muy claro lo que acababa de pasar. Como entrevista de trabajo era, como poco, inusual.

Si alguna vez visitáis la oficina de ThoughtWorks en Barcelona es posible que os llamen la atención los carteles que adornan las paredes: no hay espacio para las frases motivacionales, historias de éxito ni citas de Steve Jobs que reinan en la mayoría de las oficinas techies. Nada de “Work hard, play hard” y toda su parafernalia. Ese lugar lo ocupan la defensa de la diversidad, de la libertad de orientación sexual e identidad de género y la definición de términos como mansplaininggaslightningmanterrupting y si crees que sólo adorna las paredes como en algunas empresas adorna un departamento de responsabilidad social corporativa, no podrías estar más equivocado.

El tiempo que llevo trabajando en ThoughtWorks ha sido un gran reto profesional: cambio de stack tecnológico, cambio de metodología de trabajo y cambio de startup a consultoría. Todo en ThoughtWorks tiene algún pequeño detalle que exprime las técnicas y prácticas de IT un poco más allá de lo habitual, incluyendo la forma más fluida de desarrollo ágil y argumentación técnica que he visto. Tengo la sensación de que nunca en mi carrera he tenido tal intensidad de aprendizaje ni he ejercitado un abanico tan amplio de habilidades. Y más allá del trabajo para cliente, cuando se trata de aprender sobre otras tecnologías o jugar con algún side-project, o simplemente friquear con la tecnología de moda, siempre puedes encontrar a otro thoughtworker con experiencia en ella que estará encantado de unir fuerzas y echar una mano. Profesionalmente, desde el punto de vista puramente técnico, es una oportunidad enorme para aprender y mejorar cada día.

El reto de ser un thoughtworker es técnico, pero también humano. La defensa genuina de la diversidad y la igualdad de derechos y oportunidades, el esfuerzo por crear espacios seguros para todos donde pueden ser ellos mismos, la colaboración y el respeto mutuo… son componentes esenciales del trabajo diario en ThoughtWorks. Dar y recibir feedback es una práctica natural, orgánica, una pieza más en el engranaje de la mejora continua aplicada a cada aspecto de la empresa.

Cualquiera que conozca ThoughtWorks ha oído hablar de los tres pilares en los que se sustenta, y el reto que supone buscar el equilibrio entre ellos. No es un ejercicio teórico, e incluso no siendo fácil lidiar con las tensiones que puede generar se hace un gran esfuerzo por mantener este equilibrio en el día a día. Desde luego, tampoco es un ejercicio de marketing: como thoughtworker la búsqueda de la sostenibilidad del negocio, de la excelencia técnica y de la justicia social debe estar en el foco de tu trabajo. Puedes ser un gran gestor o un excelente técnico, pero si no te identificas con una sólida creencia en los valores del respeto, la honestidad, la transparencia, el apoyo a la diversidad y la libertad social, cultural, religiosa, sexual,… probablemente, este no es tu sitio.

En mi experiencia el equipo de ThoughtWorks no es sólo un conjunto de excelentes profesionales. Es además un grupo de personas conscientes de sí mismas y del mundo en el que viven que intentan cada día aportar su pequeño granito de arena a ser mejores profesionales y mejores personas, y dejar un mundo un poquito mejor para todos. Desde los pequeños gestos a los grandes proyectos de justicia social, hay mucho por hacer y mucho que aprender por el camino.

Dos meses después de unirme a ThoughtWorks, no podría estar más orgulloso de ser un thoughtworker.

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